martes, 10 de febrero de 2009

Juan Martínez: La poesía dentro de un outsider



Juan Martínez/ poeta, pintor y visionario




¿De qué habla un poeta que le habla a nadie en general y a todos en particular? Si el destino de un hombre es ser herramienta de Dios y del arte. ¿En qué momento se manifiesta la acción y cuándo se transmite el mensaje?
En la historia de los seres humanos los personajes con el don del vidente o las pulsaciones de lo místico han aparecido cada cierto tiempo para alertar, consolar, prevenir a quienes quieran oír, ver, sentir o ser parte de esa prédica.
El vidente está fuera de la historia, completamente solo, únicamente es responsable ante Dios. Los hombres con sus leyes y sus formas sociales nunca podrán tocar a estos videntes ni los podrán juzgar. Ellos viven fuera de todo tiempo humano.
En el romanticismo del siglo XVIII la inspiración mística se convirtió junto con el éxtasis demoníaco en un concepto supremo de lo poético. La poesía como herramienta para transmitir lo místico.
¿De qué habla un poeta místico? Pues habla y canta los temas sencillos de la vida. En su claridad vive la confusión. En su palabra vive lo religioso. El origen de la palabra escrita en el culto religioso es para el poeta un recuerdo del que todavía se nutre en estos tiempos.
Novalis consideraba al poeta como el hombre que gracias a su consagración mágica penetra en los secretos de la naturaleza y sacrifica su alma para apoderarse de la verdad suprema. El poeta-profeta tiene la misión de abrir “ojos ciegos” y de sacar “de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que están de asiento en tinieblas.” Es el único que ve entre los que están en la oscuridad; él está vivo, los demás son muertos.
Ante esa vida tienen la responsabilidad de acercar el agua del manantial conciente a quien reclame beber ese líquido.
Pero ¿era el poeta Juan Martínez un poeta místico? ¿era un yogui como dice el poeta José Vicente Anaya? Un autodidacta, un asceta, un Brahman. O solo era un outsider creado por su propio tiempo dentro de la historia social del mundo y creado por su propia necesidad de escapar, de ser libre, fuera de todo convencionalismo social.
Juan Martínez que nació un 18 de septiembre de 1933 en Tequila, Jalisco, tierra que varias personas consideran como tierra santa y en donde nacen seres con una sensibilidad muy especial, casi fantasmal. El Benjamín de la familia tuvo la fortuna o el inconveniente de ser hermano de José Luis Martínez, hermano mayor, crítico literario y el editor más influyente del país, dicen algunas personas.
Juan Martínez comienza su nacimiento espiritual muy joven. Si la poesía es dudar también es acierto. Y Juan Martínez comienza a tener aciertos en sus dudas. Viaja a la ciudad de México en donde tiene contacto con varios escritores, poetas e intelectuales del país. Pareciera que el tener un hermano como José Luis Martínez le abriría todas las puertas de la literatura nacional. Pero no fue así.

“Mi hermano casi duque ¿viajará sobre la
dulce canción
resbaladiza de la niebla en Londres?...”



Se aleja, pero sin perder totalmente el contacto con él. Al final el posible rechazo que ambos sienten hacia el otro sea por momentos chispazos de admiración mutua.
Juan Martínez quien nace bajo el signo de la balanza será llevado por el doble sentido de su vida. Doble versión de sí mismo. Cuando el poeta rechaza vivir en medio de la intelectualidad mexicana, publica su primer plaquette: En las palabras del viento. (Título muy adecuado para la época) Es publicado en Cuadernos del Unicornio, Guadalajara, Jalisco, 1959. Editado por Juan José Arreola.
Es el comienzo de su canto para prevenirnos de nosotros mismos. Dando sus primeros aciertos de vidente:

“¡Generación!
Oíd vosotros la palabra del viento que habla
por el hálito de mi nariz.”

Nos dice más adelante del mismo poema “En las palabras del Viento”:

“no os alegréis todavía, simplemente es un
sepulcro abierto,
uno para cada uno, valientes perseguidores de
la verdad.”

Y tras esa verdad deja toda vida cómoda y ciudades amables para él y llega como en estado de iluminación a la ciudad de Tijuana.
En esta ciudad comienza a crearse su propio mito. La verdad que quiere encontrar Juan Martínez son varias verdades y a todas ellas escucha y da la vida. Tijuana es su lugar sagrado:

“A veces sentimos que estamos viviendo en el centro mismo de lo sagrado; otras veces lo sagrado se esconde, se escapa, huye, desaparece. Esta aparición-desaparición se presenta en los individuos tanto como a los pueblos.” Dice Ramón Xirau.
El poeta hace eco de esa aparición-desaparición y la vive dentro de su sacrificio conciente. Vive casi en las calles, trabaja limpiando parabrisas, nada qué perder. José Vicente Anaya cuenta que lo conoció en los años sesenta con agua, detergente y trapo en mano para limpiar automóviles. Y años después declaró Juan Martínez que lo hacía por un voto de humildad, y que para él había sido una gran prueba en el encuentro de la espiritualidad. La palabra puesta en la práctica. Pensamiento, palabra y acción en completo orden espiritual.
Es también a finales de los años sesenta cuando es publicado el poemario: Ángel de fuego. Con un tiraje de 500 ejemplares. En Ediciones El Albatros. Editado por Alberto Blanco y otros poetas que por esos tiempos editaban la revista El Zaguán. Alberto Blanco también conoció a Juan Martínez en Tijuana.
¿Por qué un poeta que se desprende de todo ego y se aleja de todo grupo literario, publica libros? El mensaje es claro Juan Martínez con su poesía nos da sus visiones luminosas sobre cómo ve el mundo. Nos da verdad y nos dice como es la libertad y la independencia del ser humano. A la manera de poetas y hombres espirituales como Jacob Böhme, Ángelus Silesius, Maestro Eckhart, Hölderlin, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís y más cercanamente se hermana con el poeta Jacobo Fijman y otros más. Juan Martínez nos hace partícipes de la religión del naturalismo místico.
También a la manera de poetas vagabundos, poetas sufíes y poetas beats, nos introduce a salir de ese mundo de apariencias. No creer en la ilusión y buscar dentro de esas imágenes la verdadera vida. ¿y cómo se hace eso? Pues por medio de la palabra, el poema:

“Hay un germen en todo gran poema
que al ejercer contacto con el espíritu del
hombre,
singulariza a través de una chispa
transmisora
una potencia consubstancial; a partir de este
momento
el que revive lo intuido por el poeta,
clarifica y extiende el paisaje diseminado en
las líneas
mas cada espectador adapta el reino
a la posibilidad de su genio.”

Este poema “Carta 2” es una clara epístola que comparte su visión de su poética. Juan Martínez es un poeta en verdad amoroso en su palabra. Y al dar ese amor no miente como otros poetas. Juan Martínez es un poeta único en su tipo como hombre y como poeta. Creo que México hasta este momento tiene dos poetas-místicos: Concha Urquiza y Juan Martínez.
Digo entonces sin temor a equivocarme que el poemario En el valle sagrado, es fundador de la poesía mística. Aunque seguramente a Juan Martínez no le hubiera gustado que su poesía fuera encasillada en ese concepto o tal vez ni le hubiera importado. Tanto que el poeta-pintor, Martínez no sólo escribía poesía sino que la vivía plenamente y profundamente. Y compartía con su vida poética la vida de pintor y la del ser que entra en estados de contemplación de tal manera que como un Buda ve al mismo tiempo el macrouniverso y el microuniverso.
Hombre al fin dicen que tenía sus demonios a flor de piel y que comía basura y que fumaba mariguana y que se quería acostar con todos los que llegaban a visitarle, mitos de un hombre que se convierte en mito.
En los años setenta son publicados algunos de sus poemas en la revista el Corno Emplumado, editado por Sergio Mondragón y Margaret Randall.
Al entrar en los poemas de Martínez andamos por una forma de vida más que por palabras. Versos construidos a la vereda del camino con el fuego sagrado sobre la piedra:

LO QUE DIJO EL POETA A LA TURBA

Ya os lo dije una vez en singular ocasión:

No quiero nada con sapiencias vaharientas y
cansadas, mientras el tordo continúe silbando
su mejor canción en el sótano de los huesos, y
las zarzas conserven su alcurnia de doncellas
en las secas vertientes del silencio.



Yo poeta, aunque cargado de
nostalgia y rumores subterráneos, palpito entre
dos vidas y puedo ver la hora violácea,...


Creador y destructor de su propia obra. Cuentan quienes lo conocieron y convivieron con él que destruyó gran parte de su obra poética y su obra plástica. O tal vez Juan Martínez pensaba que al destruirla dejaba toda esa energía de la obra en el universo para que viviera allí y fuera recibida por todo ser viviente.
En 1986, Christopher Domínguez y Javier Sicilia tuvieron el acierto o la misión divina de publicar la obra de Juan Martínez en el libro “En el valle sagrado” en la colección Molinos de Viento de la UAM. Libro que contiene nueve poemarios como nueve círculos de Dante. Vamos de maravilla a maravilla. Cada libro guarda poemas en verdad luminosos y clarividentes. Será por eso que José Vicente Anaya le da el nombre árabe de Hafiz a Juan Martínez, título que se le daba a los hombres por su Voz de lo Oculto e Intérprete de los Misterios por la belleza y profundidad lumínicamente mística de sus poemas.
Así con todo eso hombre al fin la locura, dicen lo alcanzó. O sería que ya había llegado a concluir su misión sagrada. La locura fue para los griegos enfermedad de poeta. Y así se le consideró a Juan Martínez. Y antes de morir estuvo algunos meses en un siquiátrico de Guadalajara. Tenemos entonces también a nuestro “poeta maldito”. Dudo que un ser tan luminoso como Martínez sea maldito. Tal vez lo sea para las malas conciencias de algunos poetas pero no para el ser humano en general.
El poeta-pintor, vidente-brahman, vagabundo-místico, muere el 18 de enero del 2007 en Guadalajara, Jalisco. Fecha muy cercana al fallecimiento de su hermano José Luis Martínez. Los caminos del conocimiento son misteriosos aún en las despedidas.
El poeta José Vicente Anaya preparó un libro con la obra completa de Juan Martínez. También Sergio Mondragón publicará un libro similar.
Como dato curioso fue José Vicente Anaya quien nos presentó al poeta Juan Martínez con su libro En el valle sagrado. Nos regaló el libro y nos dijo que era un poeta muy interesante. Fue cierto. Era el año 2002 cuando nos hizo el obsequio. Al fallecer Juan Martínez, Tanya de Fonz, soñó o tuvo una visión, Juan Martínez nos regalaba un libro y nos pedía un escrito. Su libro de regalo es la poesía y el escrito aquí lo presento. Toda misión divina tiene un final feliz. Aún para un outsider que lleva de corazón a la poesía:

“Como se anuncian los vaticinios luminosos:
con alas transparentes, sin ruido...”
Juan Martínez

Marco Fonz de Tanya
México, 2008

2 comentarios:

Hèctor Enrique O. dijo...

Excelente escrito. Y en Tijuana y sin haber conocido al místico-poeta, Juan Martìnez. Gracias por compartir Marco.

Hèctor Enrique O. dijo...

Excelente escrito. Y en Tijuana y sin haber conocido al místico-poeta, Juan Martinez. Gracias por compartirlo Marco.