martes, 11 de mayo de 2010

Nellie Campobello

Por qué será tan complicado entender lo que los creadores reales piden. Aquí unas palabras de Nellie Campobello. Si ella como otros tienen tan claro la misión del escritor por qué será que la mayoría de los escritores mexicanos son tan sordos, tontos y feos. Será entonces porque no son escritores aunque escriban.

"Un verdadero escritor debe decirle a su pueblo cuáles son sus limitaciones, sus debilidades. Aún no existe en México un grupo homogéneo de escritores que ayude a sus compatriotas. Los escritores mexicanos, casi todos burócratas al servicio del régimen, ocultan en sus libros los problemas reales del país; les falta valor de denunciar el mundo en que viven y que los oprime. Me refiero, por supuesto, a las obras artísticas, no a las de propaganda."

Nellie en conversación con Emmanuel Carballo

Entonces así es de claro el panorama de los escritores en México. Así declaran a cada rato el éxito del pasado literario de México como si ya se hubiera creado todo lo que se tenía que escribir en nuestro país. Cuando falta todavía crear una verdadera escritura en México. Nuestro siglo de oro en las letras mexicanas se está construyendo. Lo podemos hacer sin miedo y con los ojos de la realidad. Dar un paso adelante y escribir como locos verdaderos devoradores de poesía y cuentos, novelas y ensayos. Todo cuanto sea posible para liberar nuestra palabra.

viernes, 16 de abril de 2010

LA POESÍA ES PARA LA POESÍA /Por: Blanca E. Vázquez Hidalgo

Fonz en el país de Larracilla
Foto: Carlos Larracilla

LA POESÍA ES PARA LA POESÍA

Por: Blanca E. Vázquez Hidalgo

“La poesía no es para los ojos del intelectual

que cobra sangre en las universidades

y vende sin vergüenza su lengua y sus corruptos labios.

Afortunadamente la Poesía no es para el lirón,

ni para el más listo, ni para la virgen del cerebro,

ni para la sonrisa, ni para el libro, ni el librero.

Maravillosamente la Poesía es para la Poesía”

Marco Fonz

Los pasos apresurados de aquellos que habitamos metrópolis, urbes, ciudades asfixiantes que individualizan y lastiman, son los mismos pasos de aquellos que hemos sido testigos visuales y de querencia del paso del tiempo, del agotamiento, de la vida y la sin vida. Es ahí donde se han acogido las desdichas pero también se ha creado la palabra que redime y lucha para encontrar un espacio libre de cobardía y el escarnio.

Nuestra tierra ha surgido del hambre, de las idolatrías y de los símbolos: Mujeres y hombres que se desconocen pero que tienen hermanada su sangre, mujeres y hombres que al paso del tiempo les han querido desfigurar ese ombligo de la luna y que nadie, nadie puede arrebatarles. Porque es ahí donde la sangre mexicana ha tapiado los sueños y donde cientos de máscaras humanas recorren el tiempo para encontrarse y reencontrarse. Gran monstruo urbano, huella de la cotidianidad del pasado y el presente.

Cuando se habla de espacio casi siempre nos imaginamos un lugar (comúnmente vacío), José Luís Coraggio nos dice que es una dimensión de la realidad; que está inminentemente unido a las cosas y sus procesos físicos (nosotros/as somos materia y nos desarrollamos en un espacio). Y ese espacio “no existe por sí mismo” es dimensional. “Los espacios vacíos la luna/ descarnada sonriente los llena/ con fantasmas con miedos con locos/” (p.27). El espacio se produce a través de los elementos materiales y sus transformaciones.

Con sus exorbitantes brazos la poesía inunda la ciudad, le sabe y la sustrae; ella resurge en cada voz escondida tras una tapia, una esquina o edificio desvencijado por el tiempo, la poesía penetra en la urbanidad, transforma ese lenguaje sistemático que las aulas han querido introducirnos a quemarropa y que en algunos tiempos fue a golpe y sangre. La poesía lo salva, lo construye y lo rehace, para tener palabras y sentidos que identifiquen a la voz poética con aquel atrevido o atrevida que le lee. Nada somos fuera del sentimiento libertario, libertad en la pluma manejada por el pensamiento crítico y cuestionador, de la voz acallada por parapetos convencionales y aleccionadores. La poesía nos salva.

Marco Fonz nos otorga en OZYKO un espacio que remite a la gran ciudad, al espacio avasallador de las calles habitadas por vocablos y donde las mujeres y los hombres tropiezan con la semántica y la sensibilidad. El texto tiene un formato 18 por 14 cm, su cuerpo se compone de 64 páginas, Forma parte de la Colección DESTOS DEME DOS Poesía De La Era del Vacío Vol. 8. La cubierta de color caqui tiene una imagen de un ser animalesco, producto del trabajo de Israel Miranda.

En este libro Fonz reúne 40 poemas divididos en Los Martirios, La Danza de los Idiotas y Ozyko . Un corpus poético que brinda al lector la oportunidad de recorrer el espacio citadino, la dolencia, la palabra, el enajenamiento intelectual. Es ahí donde la poesía recoge el sentir cotidiano del ultraje mundano de la estandarización social: “…un país en donde la estética/ se dedica a cortar cabellos de hombres y mujer/ las universidades se hacen pasarelas de moda/ los artistas son decoradores de interiores/ los genios cargan computadoras y los demás no existen/…” p. 51

Su poesía puede ser entendida como una lucha contra la entropía a la que todo parece dirigirse “Merecemos las calles y las avenidas/ son nuestras Silencia con todas sus cruces y crucificados, / los hombres de fuego, los niños de tierra,/ las bellas Marías de leche, los perros y su mierda/…” p. 13

En Fonz hay un tránsito extenuado aunque persistente de la soledad para acoger el arrebato de la conciencia: “…nadie entonces en los autobuses/ Noto tu ausencia/ los hombres vienen las nubes van/ y nos soy hijo de ninguno/ p. 47 y muchas veces triste o despiadado va al desplante inteligente del escarnio y la crítica de esta cultura de masas “El hombre y su escritorio son uno mismo/ muerte vida y sueños sexuales/ en un monstruo creado por la cosmogonía moderna./ Moderno funcionamiento de este ser/ creado para detener todo lo que avanza./ … Monstruo inservible de la época pensada/ tan libres eran los dos/ cuando uno era árbol/ y el otro bajaba de él/ p. 29

El hombre cotidiano, el que deambula por las calles, el que tropieza con otros y otras, el que embebe la vida, la destruye, la sostiene; ese hombre que observa que se detiene en el resquicio de la inmundicia, en el resplandor de la luz y crea con grafías significados coléricos y desesperados líneas versales, jugando con imágenes y símbolos para dar su voz, una voz poética que llaga a algunos y ofende a otros, pero que también redime y alegra. Ese ser es el poeta, y aunque su trabajo dicen algunos es estéril y no sirve para nada en este panorama amorfo y globalizante, continúa en su espacio lírico para asustar la realidad. Esa que ha envuelto a la poesía en un constante juego de egos y retribuciones institucionales La poesía esa gran perra no tuvo la culpa/ de que inventaran los premios y las becas/” p.35

¿Qué tan ecuánime puede ser un poeta cuando se cree de los elogios de las masas apabullantes? ¿Cuánta necesidad existe para aquel que sostiene la palabra en una página en blanco para decir verdades, sus verdades y no venderse en la moda y la ostentación? ¿Cómo lograr el equilibrio entre el espacio creativo y el reconocimiento y no caer? “Caíste/ qué le vamos a hacer ahora/ que tu rodilla guarda cicatriz tan grande como tu apuro/ de mirar a dónde vienes/ sin saber a dónde caes/…qué le vamos a hacer si vives engañado a esa altura/ engañado de importancia/ y para terminar engañado de caídas” p. 30

“La poesía ha dicho Rimbaud, quiere cambiar la vida. No piensa embellecerla como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado al mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y las mujeres, entre ellos y su conciencia. No pretende hermosear, santificar o idealizar lo que se escribe. Por eso no es moral o inmoral.

En Ozyko se afinan y perfeccionan el tema de quehacer del poeta, con afección y sorna reclama el espacio de donde se vive, y revive las corporalidades olvidadas de cuerpos infinitos. Marco Fonz nos permite entrar en su perturbadora y totalizadora irrupción de las miradas cotidianas, este poeta deja su voz y la convierte en un instrumento de afirmación y protesta.




lunes, 22 de marzo de 2010

Abrir los oídos a Lautreamont


"Aquí hay quienes escriben para conseguir los aplausos de los hombres, por medio de nobles cualidades del co­razón que la imaginación inventa o que ellos puedan te­ner. ¡ Yo hago servir mi genio para pintar las delicias de la crueldad! Delicias no pasajeras ni artificiales, si­no que, al comenzar con el hombre, terminarán con él. ¿No puede el genio aliarse con la crueldad en las resoluciones secretas de la Providencia? ¿O porque se sea cruel se tiene que carecer de genio? La prueba se verá en mis palabras; vosotros sólo tenéis que escuchar­me, si queréis… Perdón, me pareció que los cabellos se me habían erizado, pero no es nada, pues con mi mano he conseguido colocarlos fácilmente en su pri­mera posición. El que canta no pretende que sus cava­tinas sean algo desconocido, al contrario, se satisface de que los pensamientos altivos y perversos de su hé­roe estén en todos los hombres’.

Conde de Lautreamont

martes, 9 de marzo de 2010

Para N.D.

Odilon Redon


Gloria al hombre que logra transmutar su dolor en creación. Su dolor en olvido y en camino a seguir. Volver de los pequeños infiernos del ser humano y hacerlos poema. Gloria al hombre enamorado del principio y de los confines. El lamento es ancla que hay que hacer que flote que se libere que se vuelva un ancla de polvo y de respiro. Hasta hoy caí en el juego cruel de los espejos de alabanza hueca. Por fin escucho palabras de sabiduría en boca de una joven sacerdotisa que trae en sus manos un fuego nuevo y que sana.
El otro día a la hora en el que la tarde entra a mi cuarto ella me tomo entre sus brazos y me curó y me salvó y sacó de mi todo mal y me dejó transparente y vacío para ahora llenarme con flores de futuros cósmicos nacidos inevitablemente del caos.
Aprender a guardar silencio, aprender a ver que hay caminos sobre el mar. Aprender a que la ira se convierta en poema, en canción, en creación. Dormir con la paz de los hombres buenos. Salvar los enojos y hacer del llanto la risa viva del hombre resucitado. Gloria al dos veces muerto y dos veces vivo. El amor nuevamente hace de mí un genio, un buen genio con bonanza. Qué importa ahora los malos poetas los corruptos los enfermos de un poder pequeño miserable mortal. Qué importan ahora las asociaciones de escritores o de artistas tan malos como tan pobres llenos de miedo. Toda lucha está en la felicidad de la creación, en el plasmar palabra, obra y pensamiento en cada huella que uno deja en la tierra. Los veré por sobre mi hombro y me dará risa el haber jugado con ellos. Los malos poetas.
Ella mi primavera, mi luna roja, mi corazón blanco. Mi camino a Lisboa. Ella poeta y maga. Ella risa del conocimiento. Ella vientos alisios. Reconocimiento del juego y del sueño en letras del fuego negro. No tengo que hacer preguntas ella me contesta sin decir yo nada sin que nada ella diga. Lo que ayer comenzó con violencia en otra parte en otros días es ahora la ternura quien da profundidad a mi visión. Nada ya queda para lo pasado, sólo las hojas sobre la tierra. Ahora me dice ella que los árboles crecen al revés y yo los veo de esa forma y vuelo por debajo de la tierra.
Gloria al hombre enamorado de los abismos de lo posible pues le es dado alas para ser libre. Gloria a quien se libera del dolor y de la monotonía. De la falsa magia y de la falsa poesía.
Gloria a quien se descubre nuevo y bello. Bienaventurado el Mesías Salvaje y su genio del amor universal y fraternal.
Ahora al entender todo dejo mi antiguo cuerpo, mis miedos, mi violencia y mi ira.
Dejo lo triste, lo malo, lo podrido en la palabra, lo terreno.
Gloria a quien pertenece ahora al mar y sus creaturas. Ahora al escuchar la voz de ella. Ahora al oírla escucho el latido del corazón de sus poemas.
Gloria al hombre enamorado de quien es imagen, destino y poesía. Ella.



Efraín Ascencio fotógrafo de las cosas invisibles


El cíclope como lo llamó el novelista Gabriel Hernández. Cíclope porque cuando uno voltea a ver a Efraín Ascencio siempre tiene su cámara en la cara y pareciera que es un moderno cíclope. Acertada imagen y acertado nombre por parte de Hernández.
El silencio y la meditación de la cual se nutre Efraín se ven reflejados en su trabajo fotográfico.
¿Cuál sería la misión del fotógrafo? ¿por qué muchos críticos todavía no consideran que la fotografía sea arte?
Para mí la misión de Ascencio es mostrarnos las cosas o los seres invisibles que habitan en los seres visibles. No radiografías, no fotografiar fantasmas. No. Si no mostrar lo que el ojo pierde cuando se enfoca en certezas. Y Ascencio detiene esa certeza y nos muestra que alrededor habita lo invisible. Lo detiene ahí para que seamos observadores de lo que antes fuimos participantes y así todo claro nos muestra lo oscuro de la luz.
Adentrarse a la obra fotográfica de Efraín Ascencio es presenciar el arte de la fotografía en la foto. Llegar a un diálogo de arte con lo humano. Lo divino con lo mortal. Al habitar estos dos espacios en una foto se entiende y se puede sentir cómo el arte se transforma en inmortal y cómo lo finito pasa a un espacio cósmico sin que esto contradiga una lógica.
Así la foto se convierte en arte así la visión del fotógrafo se vuelve señal de lo maravilloso así la visión en la fotografía se vuelve múltiples visiones en el espectador y participante de la misma foto.
No se puede negar lo evidente. La fotografía de Efraín Ascencio es eternidad latente en un pequeño espacio de este gran universo llamado foto.

lunes, 8 de febrero de 2010

Programa de Poetas en la Periferia en el Palcio de Minería

Viernes 19 de febrero de 14:00 a 14:45 hrs. Recital de Poesía. Poetas en la Periferia con Margarito Cuellar y Miguel Ángel Godínez. SALÓN B SEIS.

Viernes 19 de febrero de 17:00 a 17:45 hrs. Recital de Poesía. Poetas en la Periferia con Andrés Cisneros y Adriana Tafoya. AUDITORIO TRES.

Sábado 20 de febrero de 16:00 a 16:45 hrs. Recital de Poesía. Poetas en la Periferia con José Vicente Anaya y Marco Fonz de Tanya. AUDITORIO TRES.

Sábado 20 de febrero de 18:00 a 18:45 hrs. Lectura Escenificada. Jean Genet con Fernando Huerta. AUDITORIO DOS.

Domingo 21 de febrero de 14:00 a 14:45 hrs. Homenaje a la poeta Thelma Nava. SOTERO PRIETO.

Domingo 21 de febrero de 18:00 a 18:45 hrs. Presentación de libro y lectura Dramatizada. Nuevos títulos de Editorial Andrógino (Teatro). Réquiem Profano, de Constantino de la Cruz. AUDITORIO TRES.

Domingo 21 de febrero de 19:00 a 19:45 hrs. Recital de Poesía. Dos poetas, dos generaciones: Alberto Trejo (Ciudad de México) y Jorge Lara (Yucatán). AUDITORIO DOS.

Miércoles 24 de febrero de 16:00 a 16:45 hrs. Lectura escenificada. Concha Urquiza con Tanya de Fonz. SOTERO PRIETO.

Viernes 26 de febrero de 16:00 a 16:45 hrs. Conferencia. El silbido de la tribu: el mito urbano en la joven poesía latinoamericana por Iván Oñate (Ecuador). AUDITORIO DOS.

Viernes 26 de febrero de 17:00 a 17:45 hrs. Recital de Poesía. Poetas en la Periferia con Federico Corral Vallejo y Juan Carlos H. Vera. AUDITORIO TRES.

Sábado 27 de febrero de 15:00 a 15:45 hrs. Presentación de libro. Aire de dos espaldas, de Marco Fonz de Tanya. SALÓM B SEIS.

Sábado 27 de febrero de 19:00 a 19:45 hrs. Presentación de libro y Recital de Poesía. El país de las tinieblas, de Iván Oñate (Ecuador). AUDITORIO TRES.

Domingo 28 de febrero de 14:00 a 14:45 hrs. Charla Literaria. El misticismo en la literatura con Ignacio Solares y Felipe Garrido. AUDITORIO CUATRO

Domingo 28 de febrero de 18:00 a 18:45 hrs. Homenaje. Homenaje a Macario Matus. Con Irma Pineda, Francisco Javier Santiago Regalado “Puga”, Maura Matus Ortega, Judith Santoprieto y Macario Matus Ortega. Lectura de poemas: Maura Ortega Gómez AUDITORIO UNO, SOTERO PRIETO.

Domingo 28 de febrero de 19:00 a 19:45 hrs. Presentación de libros. Nuevos títulos de Editorial Andrógino. Corazón de sortilegio, de Jaime Coello y Deriva, de Pablo Salmerón. SALÓN B SEIS.

sábado, 6 de febrero de 2010

Tienen que leer esto vivirlo y recordar / Rimbaud tiene razón...




Cartas del vidente

Por Arthur Rimbaud

Versión: Ramón Buenaventura

PRIMERA CARTA:

De Arthur Rimbaud a Georges Izambard

Charleville, [13] mayo 1871


Estimado señor:

Ya está usted otra vez de profesor. Nos debemos a la sociedad, me tiene usted dicho: forma usted parte del cuerpo docente: anda por el buen carril. — También yo me aplico este principio: hago, con todo cinismo, que me mantengan; estoy desenterrando antiguos imbéciles del colegio: les suelto todo lo bobo, sucio, malo, de palabra o de obra, que soy capaz de inventarme: me pagan en cervezas y en vinos. Stat mater dolorosa, dum pendet filius, — Me debo a la Sociedad, eso es cierto; — y soy yo quien tiene razón. Usted también la tiene, hoy por hoy. En el fondo, usted no ve más que poesía subjetiva en este principio suyo: su obstinación en reincorporarse al establo universitario —¡perdón!— así lo demuestra. Pero no por ella dejará de terminar como uno de esos satisfechos que no han hecho nada, porque nada quisieron hacer. Eso sin tener en cuenta que su poesía subjetiva siempre será horriblemente sosa. Un día, así lo espero, — y otros muchos esperan lo mismo —, veré en ese principio suyo la poesía objetiva: ¡la veré más sinceramente de lo que usted sería capaz! Seré un trabajador: tal es la idea que me frena, cuando las cóleras locas me empujan hacia la batalla de París —¡donde, no obstante, tantos trabajadores siguen muriendo mientras yo le escribo a usted! Trabajar ahora, eso nunca jamás; estoy en huelga. Por el momento, lo que hago es encanallarme todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras.

YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!

Usted para mí no es Docente. Le regalo esto: ¿puede calificarse de sátira, como usted diría? ¿Puede calificarse de poesía?

Es fantasía, siempre. — Pero, se lo suplico, no subraye ni con lápiz, ni demasiado con el pensamiento.

El corazón atormentado

Mi triste corazón babea en la popa,

Mi corazón está lleno de tabaco de hebra:

Ellos le arrojan chorros de sopa,

Mi triste corazón babea en la popa:

Ante las chirigotas de la tropa

Que suelta una risotada general,

Mi triste corazón babea en la popa,

¡Mi corazón está lleno de tabaco de hierba!

¡Itifálicos y sorcheros

Sus insultos lo han pervertido!

En el gobernalle pintan frescos

Itifálicos y sorcheros.

Oh olas abracadabrantescas,

Tomad mi cuerpo para que se salve:

¡Itifálicos y sorcheros

sus insultos lo han pervertido!

Cuando, al final, se les seque el tabaco,

¿Cómo actuar, oh corazón robado?

Habrá cantilenas báquicas

Cuando, al final, se les seque el tabaco:

Me darán bascas estomacales

Si el triste corazón me lo reprimen:

Cuando, al final, se les seque el tabaco

¿Cómo actuar, oh corazón robado?

No es que esto no quiera decir nada. Contésteme, a casa del

señor Deverrière, para A.R.

AR. RIMBAUD

SEGUNDA CARTA :

De Arthur Rimbaud a Paul Demeny

Charleville, 15 mayo 1871

He decidido darle a usted una hora de literatura nueva; empiezo a continuación con un salmo de actualidad:

Canto de guerra parisino

La primavera es evidente, porque

Desde el corazón de las Propiedades verdes,

El vuelo de Thiers y de Picard

Mantiene sus esplendores de par en par.

¡Oh Mayo! ¡Qué delirante culos al aire!

¡Sèvres, Meudon, Bagneux, Asnières,

Escuchad, pues, cómo los bienvenidos

Siembran las cosas primaverales!

Llevan chacó, sable y tam-tam,

No la vieja caja de velas

Y yolas que nunca, nunca…

¡Surcan el lago de aguas enrojecidas!

¡Ahora más que nunca nos juerguearemos

Cuando se vengan encima de nuestros cuchitriles

A derrumbarse los amarillos cabujones

En amaneceres muy especiales!

Thiers y Picard son unos Eros,

Conquistadores de heliotropos,

Con petróleo pintan Corots:

Ahí vienen sus tropas abejorreando…

¡Son familiares del Gran Truco!…

¡Y tumbado en los gladiolos, Favre

Hace de su parpadeo acueducto,

Y sus resoplidos a la pimienta!

La gran ciudad tiene las calles calientes,

A pesar de vuestras duchas de petróleo,

y decididamente tenemos que

Sacudiros en vuestro papel.

¡Y los Rurales que se arrellanan

En prolongados acuclillamientos,

Oirán ramitas crujiendo

Entre los rojos arrugamientos!

A. RIMBAUD

—Ahí va una prosa sobre el porvenir de la poesía. Toda poesía antigua desemboca en la poesía Griega, Vida

armoniosa. — Desde Grecia hasta el movimiento romántico, — edad media, — hay letrados, versificadores. De Ennio a Turoldus, de Turoldus a Casimir Delavigne, todo es prosa rimada, apoltronamiento y gloria de innumerables generaciones idiotas: Racine es el puro, el fuerte, el grande. — Si alguien le hubiese soplado en las rimas, revuelto los hemistiquios, al Divino Tonto no se le haría más caso hoy que a cualquiera que se

descolgara escribiendo unos Orígenes. — Después de Racine, el juego se pone mohoso. Ha durado dos mil años.

No es broma ni paradoja. La razón me inspira más convencimientos sobre el tema que rabietas se agarra el Jeune-France. Por lo demás, los nuevos son muy libres de abominar de los antepasados: estamos en casa y no nos falta el tiempo. Nunca se ha entendido bien el romanticismo. ¿Quién iba a entenderlo? ¡Los críticos! ¿A los románticos, que tan bien demuestran que la canción es muy pocas veces la obra, es decir: el pensamiento contado y comprendido por quien lo canta? Porque Yo es otro. Si el cobre se despierta convertido en corneta, la culpa no es en modo alguno suya. Algo me resulta evidente: estoy asistiendo al parto de mi propio pensamiento: lo miro, lo escucho: aventuro un roce con el arco: la sinfonía se remueve en las profundidades, o aparece de un salto en escena.

Si los viejos imbéciles hubieran descubierto del yo algo más que su significado falso, ahora no tendríamos que andar barriendo tantos millones de esqueletos que, desde tiempo infinito, han venido acumulando los productos de sus tuertas inteligencias, ¡proclamándose autores de ellos!

En Grecia, he dicho, versos y liras ponen ritmo a la acción.

A partir de ahí, música y rima se tornan juegos, entretenimientos.

El estudio de ese pasado encanta a los curiosos: muchos se complacen en renovar semejantes antigüedades — allá ellos. A la inteligencia universal siempre le han crecido las ideas naturalmente; los hombres recogían en parte aquellos frutos del cerebro; se obraba en consecuencia, se escribían libros: de tal modo iban las cosas, porque el hombre no se trabajaba, no se había despertado aún, o no había alcanzado todavía la plenitud de la gran ilusión. Funcionarios, escribanos: autor, creador, poeta, ¡nunca existió tal hombre!

El primer objeto de estudio del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento, completo; se busca el alma, la inspecciona, la prueba, la aprende. Cuando ya se la sabe, tiene que cultivarla; lo cual parece fácil: en todo cerebro se produce un desarrollo natural; tantos egoístas se proclaman autores; ¡hay otros muchos que se atribuyen su progreso intelectual! — Pero de lo que se trata es de hacer monstruosa el alma: ¡a la manera de los comprachicos, vaya! Imagínese un hombre que se implanta verrugas en la cara y se las cultiva.

Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente. El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, por la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, — ¡y el supremo Sabio! — ¡Porque alcanza lo desconocido! ¡Porque se ha cultivado el alma, ya rica, más que ningún otro! Alcanza lo desconocido y, aunque, enloquecido, acabara perdiendo la inteligencia de sus visiones, ¡no dejaría de haberlas visto! Que reviente saltando hacia cosas inauditas o innombrables: ya vendrán otros horribles trabajadores; empezarán a partir de los horizontes

en que el otro se haya desplomado.

— Continuará dentro de seis minutos —

Intercalo aquí un segundo salmo fuera de texto: préstele usted benévolo oído, — y todo el mundo se quedará encantado. — Tengo el arco en la mano, empiezo:

Mis pequeñas enamoradas

Un hidrolato lagrimal lava

Los cielos de verde col:

Bajo el árbol retoñero que os babea

Los cauchos,

Blancas de lunas especiales

Con los pialatos redondos,

¡Entrechocad las rótulas,

Monicacos míos!

¡Nos amamos en aquella época,

Monicaco azul!

¡Comíamos huevos pasados por agua

Y pamplinas de agua!

Una tarde, me consagraste como poeta,

Monicaco rubio:

Baja aquí, que te dé unos azotes,

en mi regazo;

Vomité tu bandolina,

Monicaco moreno;

Tú me habrías cortado la mandolina

Con el filo de la frente.

¡Puah! Mis salivas resecas,

Monicaco pelirrojo,

¡Todavía te infectan las zanjas

Del pecho redondo!

¡Oh mis pequeñas enamoradas,

os odio tanto!

¡Sujetaos con trapos dolorosos

Las feas tetas!

¡Prestadme los viejos tarros

De sentimiento en conserva!

¡Hale, venga, sed mis bailarinas

Por un momento!…

¡Los omoplatos se os desencajan,

Oh amores míos!

¡Con una estrella en los riñones cojos,

¡Dadles la vuelta a vuestras vueltas!

¡Y pensar que por tales brazuelos de cordero

He escrito rimas!

¡Me gustaría romperos las caderas

Por haber amado!

Soso montón de estrellas fallidas,

Id a llenar los rincones!

— ¡Reventaréis en Dios, albardeadas

De innobles cuidados!

Bajo las lunas particulares

con los pialatos redondos,

¡Entrechocad las rótulas,

Monicacos míos!

A. RIMBAUD

Ahí lo tiene. Y tenga usted en cuenta que, si no me lo impidiese el temor de hacerle pagar más de 60 céntimos de porte, — ¡yo, pobre pasmado que hace siete meses que no veo una monedita de bronce! — ¡aún le mandaría mis Amantes de París, cien hexámetros, señor mío, y mi Muerte de París, doscientos hexámetros!

Vuelvo a tomar el hilo: El poeta es, pues, robador de fuego. Lleva el peso de la humanidad, incluso de los animales; tendrá que conseguir que sus invenciones se sientan, se palpen, se escuchen; si lo que trae de allá abajo tiene forma, él da forma; si es informe, lo que da es informe. Hallar una lengua;

— Por lo demás, como toda palabra es idea, ¡vendrá el momento del lenguaje universal! Hay que ser académico, — más muerto que un fósil, — para completar un diccionario, sea del idioma que sea. ¡Hay gente débil que si se pusiera a pensar en la primera letra del alfabeto, acabaría muy pronto por sumirse en la locura!

Este lenguaje será del alma para el alma, resumiéndolo todo, perfumes, sonidos, colores, pensamiento que se aferra al pensamiento y tira de él. Si el poeta definiera qué cantidad de lo desconocido se despierta, en su época, dentro del alma universal, ¡daría algo más — la fórmula de su pensamiento, — la notación de su marcha hacia el Progreso! Enormidad que se convierte en norma, absorbida por todos, ¡el poeta sería en verdad un multiplicador de progreso!

Este porvenir será materialista, ya lo ve usted; — Siempre llenos de Números y de Armonía, estos poemas habrán sido hechos para permanecer. — En el fondo, seguirá siento, en parte, Poesía griega.

El arte eterno tendría sus cometidos, del mismo modo en que los poetas son ciudadanos. La poesía dejará de poner ritmo a la acción; irá por delante de ella. ¡Existirán tales poetas! Cuando se rompa la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva por ella y para ella, cuando el hombre, — hasta ahora abominable, — le haya dado la remisión, ¡también ella será poeta! ¡La mujer hará sus hallazgos en lo desconocido! ¿Serán sus mundos de ideas distintos de los nuestros? — Descubrirá cosas extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas; nosotros las recogeremos, las comprenderemos. Mientras tanto, pidamos a los poetas lo nuevo, — ideas y formas. Todos los listos estarán dispuestos a creer que ellos ha han dado satisfacción a tal demanda. — ¡No es eso!

Los primeros románticos fueron videntes sin percatarse bien de ello: el cultivo de sus almas se inició en los accidentes: locomotoras abandonadas, pero ardorosas, que durante algún tiempo se acoplan a los carriles. — Lamartine es a veces vidente, pero lo estrangula la forma vieja. — Hugo, demasiado cabezota, sí que tiene mucha visión en los últimos volúmenes:

Los Miserables son un verdadero poema. Tengo Los castigos a mano; Stella da más o menos la medida de la visión de Hugo. Demasiados Belmontet y Lammenais, Jehovás y columnas, viejas enormidades muertas. Musset nos es catorce veces detestable, a nosotros, generaciones dolorosas y presa de visiones, — que nos sentimos insultados por su pereza de ángel. ¡Oh cuentos y proverbios insípidos!

¡Oh noches! ¡Oh Rolla, oh Namouna, oh la Coupe! Todo es francés, es decir: detestable en grado sumo: ¡francés, no parisino! ¡Una obra más del odioso genio que inspiró a Rabelais, a Voltaire, a Jean La Fontaine, comentado por el señor Taine! ¡Primaveral, el espíritu de Musset! ¡Encantador, su amor! ¡Esto sí que es pintura al esmalte, poesía sólida! La poesía francesa se seguirá paladeando durante mucho tiempo, pero en Francia. No hay dependiente de ultramarinos que no sea capaz de descolgarse con un apóstrofe estilo Rolla; no hay seminarista que no lleve sus quinientas rimas en el secreto de su libreta. A los quince años, tales impulsos de pasión ponen a los jóvenes en celo; a los dieciséis empiezan a conformarse con recitarlos con sentimiento; a los dieciocho, incluso a los diecisiete, todo colegial que esté en condiciones hace el Rolla, ¡escribe un Rolla! Incluso puede que quede alguno todavía que pierda la vida en ello. Musset no supo hacer nada: había visiones tras la gasa de las cortinas: él cerró los ojos. Francés, flojo, arrastrado del cafetín al pupitre del colegio, el hermoso cadáver está muerto, y, de ahora en adelante, no nos tomemos siquiera la molestia de despertarlo para nuestras abominaciones.

Los segundos románticos son muy videntes. Th. Gauthier, Leconte de Lisle, Th. de Banville. Pero cómo inspeccionar lo invisible y oír lo inaudito que recuperar el espíritu de las cosas muertas, Baudelaire es el primer vidente, rey de los poetas, un auténtico Dios. Vivió, sin embargo, en un medio demasiado artista; y la forma, que tanto le alaban, es mezquina: las invenciones de lo desconocido requieren de formas nuevas.

— Experimentada en las formas viejas, entre los inocentes, A Renaud, — ha hecho su Rolla; — L. Grandet, — ha hecho su Rolla; — los galos y los Musset, G. Lafenestre, Coran, Cl. Popelin, Soulary, L. Salles; Los escolares, Marc, Aicard, Theuriet; los muertos y los imbéciles, Autran, Barbier, L. Pichat, Lemoyne, los Deschamps, los Dessessarts; los periodistas, L. Claudel, Robert Luzarches, X. de Richard; los fantasistas, C. Méndez; los bohemios; las mujeres; los talentos, Léon Dierx y Sully-Prudhomme, Coppée; — la nueva escuela, llamada parnasiana, tiene dos videntes: Albert Mérat y Paul Verlaine, un verdadero poeta. — Ahí lo tiene. De modo que estoy trabajando en hacerme vidente. — Y terminemos con un canto piadoso.

Acuclillamientos

Bastante tarde, sintiéndose con asco en el estómago,

El hermano Milotus, sin quitar ojo del tragaluz

Desde el cual el sol, claro como un caldero rebruñido,

Le clava una jaqueca y le marea la vista,

Desplaza entre las sábanas su barriga de cura.

Se agita bajo su manta gris

Y baja con las rodillas en la barriga trémula,

Pasmado como un viejo comiéndose su toma

Porque tiene, agarrado del asa un orinal blanco,

Que arremangarse la camisa por encima de los riñones.

Ahora ya está en cuclillas, friolento, con los dedos del pie

Replegados, tiritando al claro sol que contrachapea

Amarillos de bollo en los vidrios de papel;

Y la nariz del hombre, alumbrado de laca,

Husmea en los rayos de sol, como un polipero carnal.

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … .

El hombre se cuece a fuego lento, con los brazos retorcidos,

[ con el belfo

Metido en la barriga; siente que se le escurren los muslos en el

[ fuego,

Y que las calzas se le chamuscan, y que la va a diñar;

¡Algo parecido a un pájaro se menea un poquito

En su barriga serena como un montón de mondongo!

En torno a él duerme un batiborrillo de muebles embrutecidos

En andrajos de mugre y sobre panzas sucias;

Hay escabeles, poltronas extrañas, acurrucados

En los rincones negros; aparadores con jeta de chantre

Entreabiertos a un sueño lleno de horribles apetitos.

El asqueroso calor embute la habitación estrecha;

El cerebro del hombre está atiborrado de trapos.

Escucha un crecimiento de pelos en su piel húmeda,

Se descarga, sacudiendo su cojo escabel.

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … .

Y por la noche, bajo los rayos de la luna, que le trazan

Alrededor del culo rebabas de luz,

Una sombra con detalles sigue en cuclillas, contra un fondo

De nieve rosa como una malvarrosa.

Una nariz estrafalaria persigue a Venus por el cielo profundo.

Sería usted execrable si no me contestase: rápidamente. Porque

dentro de ocho días puede que esté en París.

Hasta la vista.

A. RIMBAUD